Probá.

A los chicos hay que darles comidas ricas. Ricas en grasas buenas. Ricas en sabor. Ricas en variedad. Para que coman con ganas, lo que consumen tiene que gustarles. Tenemos cinco sentidos. Además de la vista, el oído y el tacto, estimulales el gusto y el olfato.

La clave: “de todo” y lo más natural posible.
La leche materna cambia de gusto según lo que come la madre, y así el bebé se acostumbra al cambio, a lo imprevisible.

“Comer juntos” no es sólo un hecho social, es, además, un momento ideal para dar ejemplos. Los chicos copian a los grandes.
Cuando les demos un sabor nuevo, no lo hagamos con ansiedad o temor a que no les guste, demostremos entusiasmo: ellos perciben todo.

Torta de bolitas.

Una manera divertida de hacer una ensalada de frutas.
Dejala a su alcance, que puedan ir comiéndola con sus manitos.

Mandá fruta.

Dárselas enteras para que jueguen y las toquen es una muy buena forma de empezar.
Siempre mirándolos!

Más grandes.

A partir de cierta edad, los niños no deberían tener un menú aparte.
Y también deberían cocinar.

Más ricas.

Cuando están muy, muy maduras, las frutas – como la banana con manchas - son ideales para los más chiquitos.

Combiná.

Sabores diferentes con lo que tenés a mano: frotá un ajo en el bife, agregá una hojita de albahaca al puré o hacé un puré de manzanas con un poco de morcilla.
Improvisá y divertite vos también.